Riesgos psicosociales en mujeres víctimas de violencia
de género en la relación de parejas
Los riesgos psicosociales
que pueden padecer las mujeres víctimas de violencia de género en una relación
de pareja son diversos, entre ellos están los daños psicológicos y físicos que
afectan su normal desenvolvimiento en sociedad. De esta manera, se intenta llamar la atención sobre la necesidad de hacer cumplir
medidas para prevenir este flagelo y que pueda tener una vida normal, libre de
violencia. En tal sentido, relevante llevar a cabo una investigación donde se pueda
asesorar a las víctimas en cuanto a sus derechos dentro del proceso penal y la
correcta forma de intervención. Por lo tanto, toda mujer víctima de violencia
de género debe acudir a organismo que tienen como objetivos, representar a la
mujer ante las instancias judiciales y extrajudiciales, orientar a las mujeres
para que reclamen sus derechos brindando apoyo y asesorías.
Cabe destacar
que uno de los aspectos positivos, es que la investigación mantendrá lineamientos
apegado a las leyes que se requiera para el estudio, dando las recomendaciones
pertinentes en cuanto a la orientación ofreciendo la asistencia necesaria en
los distintos casos que se estudien. Así mismo, se podrá identificar el tipo de
violencia que sufre la víctima, determinando los riesgos psicológicos y
sociales que van a repercutir en su cotidianidad. De esta manera,
se puede monitorear las situaciones de conflicto que perjudiquen a la víctima y
a la familia, con la finalidad de vencer limitaciones socio familiar y
emocional, sobre todo en caso donde demande medidas de protección, debido a que
la mujer debe
recibir ayuda aún cuando ella no la solicite para terminar con una dependencia
tan destructiva.
Aspectos Negativo.
La violencia contra la
mujer está relacionada tanto a su falta de poder y control como a las normas
sociales que prescriben los roles de hombres y mujeres en la sociedad y
consienten el abuso. Las inequidades entre los hombres y las mujeres
trascienden las esferas públicas y privadas de la vida; trascienden los
derechos sociales, económicos, culturales y políticos; y se manifiestan en
restricciones y limitaciones de libertades, opciones y oportunidades de las
mujeres. En consecuencia, esto influye de forma negativa en la vida
cotidiana de ellas y cuando influyen factores que detonan en violencia física
la situación se torna difícil de sobrellevar.
De igual manera,
la violencia de género en general y la violencia contra las mujeres en las
relaciones de pareja en particular, es un fenómeno histórico presente en gran
parte de las culturas humanas sin límite de edad, clase social, raza, ideologías o religión.
Cuando un hombre manifiesta casos, como violaciones
al derecho a la vida, a la integridad física, libertad, seguridad, protección
judicial, convierte a su pareja en víctima. Es allí donde la mujer debe acudir a
instituciones como el ministerio público y denunciar a su agresor, pero en la
mayoría de los caso no lo hace por miedo, tampoco saben cuáles son los trámites
para formular una denuncia o se resignan a ser maltratadas.
Para
tener una idea más clara del tema la Ley Orgánica sobre el Derecho de las
Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2007), en el Artículo 14 se refiere a la
definición de la violencia contra las
mujeres allí se establece que todo acto sexista que causen un daño o
sufrimiento físico, emocional, laboral, entre otros, o la privación arbitraria
de la libertad son actos de violencia. Así mismo, los autores Mirat y Armendáriz (2006) hacen
una definición muy parecida a la de la Ley, la identifican como “acto de
violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o
psicológico y que abarca el homicidio, las lesiones, las amenazas, las
coacciones, la privación arbitraria de la libertad, la libertad sexual y los
tratos degradantes, tanto en la vida pública como en la privada” (p.12). Es
evidente que este tipo de violencia tiene como objeto a la mujer debido a la
desigualdad distributiva de los roles sociales, que pone
de manifiesto una relación de dominación que trasciende todas las esferas de la
vida y que, sin lugar a dudas, favorece al hombre, contribuyendo a la
desvalorización de la condición de mujer, en la mayoría de las sociedades.
Continuando, también se presenta
el maltrato físico porque la mujer no cumple con el mandato de género
de ser una señora, una dama, por su forma de actuar, allí el agresor justifica
la utilización de la violencia en casos donde las mujeres se comportan de forma
diferente a lo que los hombres esperan de ellas, siendo esto, una incitación a
la violencia de género. Otro aspecto negativos y que realmente preocupa, es que la víctima
no toma en serio las asesorías recibidas por el Ministerio Publico en su
primera denuncia, la presentan y no continúan con el proceso siguiente, deciden
dar una nueva oportunidad a su victimario y en muchos casos terminan hospitalizadas
con golpes de gravedad o en los casos más extremos son asesinadas por su propia
pareja.
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